A finales de los años 60, mientras Estados Unidos afrontaba una época de complicados cambios, Larry Clark se dedicaba a hacer fotos de su propia vida, en Tulsa, Oklahoma. Su vida se reducía a salir con los amigos, drogarse, jugar con pistolas y tener relaciones sexuales. A diferencia de otros fotógrafos anteriores a él como Diane Arbus o Richard Avedon, Clark era miembro de ese círculo, no era un extraño. Una especie de periodismo gráfico de barrio había surgido en una parte de Estados Unidos a la que nadie le prestaba atención.
Su fotografía era tan personal e intima como las palabras de un diario, no era un fotógrafo, era uno de ellos. Captaba cosas desagradables de las que nadie quería saber nada. No se trataba de drogadictos de barrios marginales, eran chavales de un buen barrio de Tulsa.
En 1971 publicó sus fotografías en un libro que tituló simplemente Tulsa.
Se habían hecho fotografías íntimas antes, pero nunca se habían recogido en un libro. Clark fue precursor de un estilo que fijó las bases para fotógrafos como Nan Goldin, Araki, Richard Billingham, Sally Man, Larry Sultan, García-Alix y muchos otros.
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