Richard Billingham se hizo famoso gracias a las fotografÃas primerizas que retrataban, como un diario visual, el alcoholismo de su padre con la contemplación de la madre; todas ellas rodeadas de un aire kitsch y enrarecido, al socaire de la crÃtica a la sociedad postindustrial.
Cuando sólo contaba con 10 años de edad su padre, Raymond (Ray) Billingham fue despedido de su trabajo de maquinista en una fábrica local. Ante unas opciones de trabajo tan limitadas Ray se limitó a no hacer nada salvo beber durante el resto de su vida, con lo que, cuando se agotó el subsidio por desempleo, la familia se vio obligada a vender la casa en la que residÃan para trasladarse a un piso de protección oficial. En esta situación tan desesperada, con un frigorÃfico casi vacÃo, el joven Richard encontró refugio en el dibujo, donde descubrió un talento natural para pintar todo lo que se cruzaba por su mirada, principalmente vehÃculos y animales.
Mientras enviaba solicitudes a las más importantes escuelas de arte del paÃs, no dejaba de practicar la realización de retratos con los miembros de su familia. Sin embargo tenÃa que ser muy rápido en la realización de esos retratos, ya que a los 15-20 minutos su modelo empezaba a moverse y a pedir una cerveza. Por ello, y ante la imposibilidad de dibujar algo más elaborado, comenzó a sacar fotografÃas de los miembros de su familia, con el fin de poder dibujarlos en detalle sin el peligro de que sus modelos se levantasen de repente arruinando cualquier posibilidad de éxito en su tarea. El artista realizaba tal cantidad de fotografÃas que llegó un punto en el que sus familiares ya ni posaban para la cámara, lo que ayudaba a reflejar con naturalidad el dÃa a dÃa de su hogar.
Con el tiempo Billingham fue dándose cuenta que las fotografÃas constituÃan una obra de arte en sà mismas, al componer una cruda revisión del realismo crÃtico documental, que traducÃa al lenguaje del arte tanto la atmósfera del nuevo cine británico (con Ken Loach a la cabeza), como la caspa que comenzaban a desprender los reality shows en la televisión de la Inglaterra de Thatcher. Las imágenes fueron realizadas con el material fotográfico más barato que pudo encontrar, con lo que se logra un enfoque defectuoso y un tratamiento del color que deja mucho que desear para una fotografÃa comercial, pero que en ese contexto contribuyen a dotar a las imágenes de franqueza y cruda autenticidad.
Estas fotos fueron recogidas en 1996 en el libro Ray’s a laugh.



